Don Quijote, ese gran subversivo

Por Reinaldo Spitaletta

 

Ninguna de las novelas que en el mundo han sido tiene la posibilidad de tantas interpretaciones y lecturas como don Quijote. Cervantes, creador de la novela moderna, y un maestro en desdichas y desventuras, nos concede con su obra magna el delirio y la cordura, el sueño y la realidad, la historia y la poesía.

 

Don Quijote es un canto a la libertad y la posibilidad, pero también es el ensayo de una utopía. Es la crueldad que produce risa y la risa que parte de un acto múltiple de crueldad. Ese personaje que los libros le dan una nueva vida cuando casi tiene cincuenta años, cuando apenas se conoce en su medio con el sobrenombre de Quijada, Quesada o Quijana, es un héroe, o antihéroe, regido por un destino que está en los libros de caballería.

Cervantes inaugura con Don Quijote nuevas formas de narrar, inventa la novela moderna tal como hoy la concebimos. Es la gran mente universal de su tiempo que, como escritor, desdobló el lenguaje narrativo en puntos de vista, con una novela fantástica y realista, en la que prácticamente está todo, desde las utopías hasta la cultura antigua; desde los conceptos de justicia y libertad hasta los males de amor; desde la sabiduría del pueblo hasta lecciones de ética.

 No sé si sea la novela más leída en el mundo, pero sí la más popular. Todos saben o creen saber algo de ella. Cualquiera en la calle podrá dar una descripción de Sancho Panza y lo pondrá más gordo o más comilón. Es posible que gente que jamás haya leído un libro hable de Dulcinea y Rocinante, sin saber siquiera que son personajes de una obra literaria.

Ninguna novela o drama en el mundo ha alcanzado tanto. Ni personajes como Hamlet, Aquiles, Ulises, el rey Lear, el Lazarillo de Tormes, han llegado a tener tan vasta presencia en el imaginario colectivo ni a estar tan vivos entre la gente. Cómo será el asunto, que hasta lectores y no lectores le agregan siempre algo, como aquella ya tan célebre y manoseada frase de “ladran, Sancho, señal de que cabalgamos” que no figura en su texto original.

 Don Quijote es un aventurero cuyas batallas y combates casi siempre terminan mal. Es el derrotado, al cual, sin embargo, no le arredran sus reveses. No es el personaje moralizador ni moralizante, pero sí es un buscador de justicia, alguien que quiere proteger a los desvalidos, deshacer agravios, enderezar tuertos, enmendar sinrazones, socorrer viudas, amparar doncellas…

No lucha por la imposición de un modelo de república ideal, pero lo sacan de quicio las injusticias. Más que un utopista es una especie de ser practicador del altruismo que ofrece su valor, sus armas obsoletas, sus palabras, su coraje, su esfuerzo sin aspirar a recompensas. Es un ser generoso, cumplidor de la palabra, al que lo mueve el combate contra lo que él considera que no está dentro de los cánones de justicia.

 En don Quijote hay una parodia a los libros de caballería pero también un sometimiento de la sociedad de su tiempo a la mirada crítica de un personaje que detesta el dogmatismo y que, a veces, quiere la vuelta a una Edad Dorada, a una “dichosa” edad sin propiedad privada. El Caballero de la triste figura, el Caballero de los Leones, el caballero derrotado, resurge de sus dolores y de la incomprensión del mundo, como un subversivo.

 En efecto, don Quijote subvierte la realidad con sus delirios y corduras. Con la aparición de esta novela hay un cambio de perspectiva sobre la locura y la razón. La España del siglo XVI también estaba llena de locos, de seres humanos con una idea fija: están el rey, los cardenales, los curas, la Inquisición, los nobles, las monjas, todos ellos dominados por una convicción exclusiva, que algunos vieron como prepotente: de que para llegar al cielo había que pasar por una puerta de cuyas llaves eran ellos los guardianes, tal como lo señala Duffield, citado por Vladimir Nabokov en su discutido Curso sobre el Quijote.

 En Don Quijote los locos se vuelven cuerdos y los cuerdos, locos. Pero el que parece el más loco, es, en últimas, el más razonable y más razonador. Está convencido de su razón de ser en el mundo, la de tener aventuras en pro de los menesterosos, y en su delirio ve posadas como si fueras castillos; ve prostitutas o “damas del partido” como si fueran doncellas; donde otros ven carneros y ovejas él tiene la visión de ejércitos, y a los prisioneros de galeras los toma como gentes víctimas de una injusticia. En rigor, cumple con lo que ha leído en los libros de caballerías andantes.

 Él mismo es un libro, muchos libros. Crea una realidad que, a su vez, choca con la realidad real. Y esa colisión de realidades es una subversión de lo existente. Es un perpetuo llamado al conocimiento: “El que lee mucho y camina mucho, sabe mucho y ve mucho”.

 Don Quijote es una revolución, una novela en la novela, un teatro en el teatro, una narración dentro de la narración. Una novela con momentos cumbres para la risa, pero también para el llanto. Una novela que exalta la libertad humana, como “uno de los dones más preciosos”. Don Quijote conoce bien lo que las leyes -hechas casi siempre para no cumplirse- deben contener. Por eso recomienda, o le dice a Sancho, que en el ejercicio del poder hay que ser discretos, sencillos, rectos, opuestos a la codicia. Un gobernante debe ser honrado, que no prevarique, que no se enriquezca.

Es obvio que en la realidad, y más en la del siglo XXI, el ejercicio del poder es todo lo contrario. Pero don Quijote sigue iluminando a los desvalidos y sometidos para que cambien esa situación adversa y la conviertan en un mundo posible.

 En don Quijote hay una “radical incertidumbre de la condición humana”, una parábola de la soledad del hombre frente a un mundo que cada vez exilia los valores de la convivencia y la fraternidad. Don Quijote, más de cuatrocientos años después de cobrar vida, sigue cabalgando en pos de la libertad y en la búsqueda de un mundo mejor. Es la unión de lo soñado y lo posible.

 

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1 comentario

  1. Antonio Rodriguez

     /  agosto 29, 2018

    En la linea de este blog, sugiero que le eches un vistazo a esta coleccion de videos en youtube con el nombre “El mensaje secreto de don Quijote”.

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