Muchachas que comen fruta

 

Por Reinaldo Spitaletta

 

Es un atardecer de verano tropical. Con lentitud, me asomo a la ventana para llenar los ojos de luz magenta, que cambia en menos de un parpadeo a un tono malva. Recuerdo al poeta de la taheña barba que quería montar una fábrica de crepúsculos con arrebol, y sonrío. Medellín en el estío de agosto (¡qué luz de agosto, por Dios!) es una fiesta de viento y soles que abrasan. La calle parece reverberar. Y de pronto, por la acera, pasan dos muchachas que comen fruta (creo que una, la de blusa breve, de manga sisa, se lleva una manzana verde a la boca; la otra, también de blusita soleada y corta, chupa naranja). Una muestra parte de su vientre templado, joven. La otra come como Eva la manzana. Tal vez piensa en alguna tentación por la manera como redondea los labios. Los senos recientes se abultan en sus blusas, frutos nuevos. Caminan despacio, tardando, como si supieran que son observadas. Animan mi vista de voyerista atardecido. No tienen afán de vivir ¡Viven! Estiro el cuello, mi nariz contra la vidriera, para observar sus últimos pasos que ya voltean en la esquina. Afuera, el sol sigue quemando.

Pintura de Fernando Botero

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1 comentario

  1. Ester Goeta

     /  febrero 27, 2014

    Juventud, divino tesoro!!! qué inspiración………

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