El blandengue

Por Reinaldo Spitaletta

Tiene si acaso uno sesenta de estatura y ya su cabeza parece la de un fraile franciscano que hace años está dentro de las paredes de un cenobio. El bigote blancuzco, que parece pegado a la goma, le baila cuando sonríe, que no es que lo haga con frecuencia, sino muy de vez en cuando, circunstancia que le da una apariencia de amargado. Se viste de pantalón de fibras sintéticas y nunca usa bluyín. Tal vez, porque considera que es una prenda que uniforma y a él, se la escuchado decir, no le agrada parecerse a nadie. Tampoco se le conocen zapatos deportivos, sino formales, los que, incluso, cuando va a dar una caminada de recreación, se le notan raros y los que van junto a él se sienten incómodos, se les ha escuchado decir. Si ríe, que es toda una ceremonia, escasa y solemne, se riegan en el ambiente como chillidos de ratones, o, también han hecho la analogía, como si fuera la risita de una bruja subdesarrollada.

 

Las camisas son de tela ordinaria, manga corta, sin diseño. Y él cree que le dan distinción, porque así lo ha expresado, cuando se le ha sugerido que por qué, así, de vez en cuando, no luce una camiseta de algodón, que incluso le daría aspecto más juvenil. Se rebajaría años. Mira a quien se lo insinúa,  con aire de desazón y —se le nota en el brillo de sus ojos pequeños— hasta con desdén. Da la impresión de tener aires de superioridad. No habla muy bien y comete errores no solo de dicción, como tragarse las ces, en palabras como acción, octavo, y también las pes en aceptar, adoptar, y así. Una calamidad.

 

Trabaja en un despacho oficial en el que se entiende con asuntos públicos de salubridad, sin ser él nada que lo haga un perito en esos saberes. Estudió una carrera conectada con las ciencias sociales, y, por influencias políticas, lo pusieron en donde está hoy. De joven, tuvo inclinaciones de izquierdista, se le vio en manifestaciones contra el alza del transporte y por mejores servicios públicos. Tuvo calenturas de irse al monte a probar suerte con insurgentes, pero desistió. Más bien, le dio por lecturas de ideólogos chinos y rusos, se inició en las líneas de una escuela francesa de historia, y probó en teorías evolucionistas a ver si daba con el origen de su estatura escasa. “Algo tuvo que cortarse en el desarrollo de mis antepasados y a mí me tocó la peor parte”, se le escuchó decir una noche en un café de intelectuales de pueblo, en el que sonaban canciones de alzamientos populares y utopías.

 

En la oficina, cuando le corresponde tomar decisiones, se torna inseguro, y más bien consulta con la secretaria, a la que le pide opinión. Era y es un burócrata disciplinado, que cumple a cabalidad con los horarios, incluso si las resacas lo agobian o si todavía están presentes los síntomas de la ebriedad. Es condescendiente con los jefes, a quienes siempre les dice que sí a todo lo que piden, no importa si sus órdenes van en contra de los intereses de la gente. Para eso está él ahí, para cumplir. Así es su actitud. No discutir por ningún motivo con los superiores; y tal vez por eso, algunos de sus subordinados creen que a veces se traga las palabras, tal vez porque le faltan agallas, de acuerdo a lo dicho por una muchacha del despacho. Sigue los horarios al dedillo, y a veces, sin necesidad, se queda más de lo requerido en la oficina.

 

De joven practicó la natación. Para el fútbol era negado. De esto se supo porque un hermano suyo lo declaró en alguna cantina, que sus padres le recomendaron jugar baloncesto “a ver si crecía”, pero a él le pareció que, precisamente, por ser tan pequeño no era el indicado para esas justas. Aprendió a bailar cumbias y porros, con unos pasitos delicados, más bien sin sabor, pero lo suficiente para invitar a salir al ruedo una que otra muchacha. Se casó a los veintidós años, porque, pese a vivir en una casa con siete hermanos y sus papás, se sentía solo. Fracasó en su matrimonio, porque no aguantó más la rutina de obedecer a su mujer, que fue ella quien contó en una fiesta que a su marido, mejor dicho, a su “ex”, le faltaba carácter.

 

Lo del carácter nos quedó sonando a varios de sus conocidos, porque, en efecto, ya era sabido a múltiples voces de sus debilidades, su ineptitud para defender puntos de vista que pudieran ser justos, reivindicativos, y más bien, tiende a inclinarse, a estar de acuerdo con las apreciaciones de los jefes. Dice “sí” cuando lo correcto es pronunciar un “no”. Se ha afamado entre sus allegados como un ser irresoluto, que hay que empujar como a los carros viejos, y así, sotto voce, se dice, al avizorarlo a la distancia, con sus pasitos de indecisión, “ahí viene el pusilánime”.

(…)

 

Cuando lo echaron del puesto, se quedó sin trabajar largos meses. Ofrecía dictar seminarios acerca de la historia de las emociones, pero nadie le hacía caso y, en cambio, hacían muecas de incredulidad. En algunas noches, se iba al bar de los revolucionarios de otros días, casi todos trabajadores del gobierno, a ver si lo convidaban a cervezas. A veces, y más por una lástima encubierta, lo aceptaban en las mesas. Él, ahí, entre viejos excamaradas, hablaba de los días cuando se reunían bajo cuerda a conspirar (un término muy usado entre jóvenes de hace años que más que rebelarse contra el padre, querían hacerlo contra el Estado), reían y luego lo miraban con desgano y como si fuera un desconocido. Le quedaron faltando pocos años para obtener la jubilación, porque, al parecer, y eso es lo que circuló en bares y corrillos, no demandó a los patrones y más bien dejó que el mundo siguiera andando, que él no estaba para hacer nada que se opusiera a la rueda de la vida y al girar de la tierra. Eso es lo último que de él se supo.

Anuncios
Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: