Las porquerías que los españoles trajeron a América

 

(Crónica sobre hedores y vahos pestilentes que disminuyeron a los aborígenes)

 

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Por Reinaldo Spitaletta

 

Cuando iba en el automóvil del señor que me transporta, que tiene nombre de poeta modernista (el conductor, no el carro), vi cómo desde una motocicleta el parrillero lanzaba a la calle un vaso desechable y una servilleta. “Vea, qué cochino es ese tipo”, le dije. “Sí, es un indio”, añadió el del volante. Y aquí empieza la historia que quiero contar sobre la suciedad, la higiene y, más que todo, de cómo los indios de América (no los de la India) perecieron muchos de ellos por los vahos apestosos que desprendían los “descubridores” e invasores de la Europa del siglo XVI y de después, y no tanto por el uso de las armas.

 

“No, señor. Los indios eran y son muy higiénicos. Nosotros heredamos de ellos el baño diario. Los españoles no se bañaban”. El hombre se quedó un tanto desconcertado. Y le dije, no sé por qué, puesto que había otras maneras más simples de explicación, que algunos cronistas de Indias advertían en sus relatos acerca de las costumbres de limpieza diaria, de baño cotidiano, en los ríos y quebradas, de los nativos. Sana costumbre que abarcaba desde México hasta la Patagonia.

 

Y agregué, un poco en broma, que cuando los españoles comandados por Hernán Cortés arribaron a México, hubo indígenas que, al recibirlos, al tener contacto con ellos, quemaban plantas medicinales y aromáticas como una suerte de sahumerio purificador, no solo porque a lo mejor pensaban en conjuros y posibilidades de destruir hechizos (los indios eran muy previsivos, todo lo que les parecía enfermedad y pestilencia lo trataban como si se refiriera al mundo de los hechizos) procedentes de tierras desconocidas, sino por el apestoso hedor de los visitantes. Así lo narra Bernal Díaz del Castillo, agregué, tal vez de modo mecánico.

 

Después, cuando ya había quedado atrás el señor conductor (tal vez había seguido su marcha pensando en suciedades europeas y limpiezas indígenas), el profesor Memo Ánjel, con el que no sé por qué tocamos el tema de los tipos que van por la calle, o a pie, o en carro, o en motocicleta, arrojando desperdicios al asfalto, recordó un ensayo de Baldomero Sanín Cano, titulado El descubrimiento de América y la higiene, al cual quiero hacer algunas glosas, a propósito de los guarros que por estas tierras desembarcaron hace más de quinientos años y produjeron, más que con sus espadas y otras agresiones, un despoblamiento de nativos por sus asquerosas maneras de vivir sin baño y las nuevas pestes que a estas tierras exóticas trajeron desde remotos reinos.

 

Si bien, hoy, un sartal de investigadores europeos han dedicado su cacumen y tiempo a historiar la higiene, lo limpio y lo sucio, las letrinas y los hedores, los perfumes y lo que ocultan, es necesario advertir que pese a tantos adelantos, a los descubrimientos científicos, las vacunas, la jabonería de tocador y mil vainas de buen olor más, los europeos (sin generalizar, claro) en su cultura no tienen el baño diario como una de sus prioridades. A veces, cuando uno se acerca a alguno de ellos, se siente la sobaquina (o grajo que decimos en Antioquia) y olores agrios, mejor dicho, como los que sintió un personaje de la novela Zazie en el metro, de Raymond Queneau, cuando en una estación parisina espera a su inquietísima sobrina.

 

Pero no nos desviemos. Se hablará, más que todo, según lo enunciado, del brillante ensayo del escritor de Rionegro, traductor, crítico literario, y uno de los más destacados cultores del género inventado por Michel de Montaigne (que seguro poco se bañaba), sí, don Baldomero, autor de El humanismo y el progreso del hombre.

 

El escrito de Sanín se inicia con un panorama sobre la crueldad, la que poetas e historiadores de toda laya atribuyen como un factor de despoblamiento de las culturas autóctonas americanas invadidas y saqueadas por los europeos y establece, como hipótesis, “que la crueldad tuvo poco que ver en esta obra de exterminio”, si bien no se puede eximir de tal ejercicio a conquistadores, virreyes y otros extranjeros del cargo de sevicia ejercida contra los aborígenes. Con una salvedad (que puede no serlo): más que un acto de barbarie personal, o grupal, fue un asunto de los tiempos, cuando la crueldad era inherente a las maneras de ejercer el poder. Algo así como si la depredación fuera parte de su “humanitarismo” civilizador.

 

En cualquier caso, la población de América en los días del llamado Descubrimiento era de más de veinte millones (ah, y no de almas, porque hay que recordar que, según la cosmovisión españoleta, los indios carecían de tal propiedad o entidad inmaterial), con cifras que, según el ensayista, de más o de menos, eran suficientes para que en menos de dos generaciones “el contingente blanco peninsular” fuera absorbido por los más numerosos lugareños. Y más adelante, al citar a un etnógrafo, que las civilizaciones de estas tierras fértiles (ubérrimas, dirá el poeta de Azul y Cantos de amor y de esperanza) preferían lo bello a lo útil, por lo que hacían más uso de la plata y el oro que del hierro, que ni lo conocían. Y entonces ¿a qué se debió el vertiginoso despoblamiento americano?

 

Algunos sacerdotes españoles, como Francisco García Figueroa, advertían que la evangelización de los nativos se veía perjudicada porque cada vez eran menos, debido a enfermizos “efluvios” y mortandades lastimosas, por la presencia de los españoles “cuyo vaho parece les infunde pestes…”. Y en este punto, los interrogantes abundan: a qué vaho se refieren los evangelizadores, de qué se trata ese hálito nada vital, y entonces se van aclarando los paisajes. Y la mortandad.

 

Y entonces el ensayista se pregunta de dónde demonios procedía ese vaho letal, mefítico, con el que se desbarajustó la población amerindia. Los americanos del siglo XVI, advierte Sanín, eran un pueblo sano, pulcro y débil, “en tanto que las ciudades europeas de la misma época eran un conglomerado infecto en que la higiene no era conocida y en que la suciedad y los parásitos dominaban señorialmente”, sobre todo porque en Europa, cuna de inteligencias y tantas filosofías y ciencias, nadie se bañaba. Y se cree que,  por ejemplo, Felipe II de España y el papa Alejandro VI (también de España y miembro de la familia Borgia) murieron por enfermedades causadas por el desaseo.

 

Y ni qué decir, más adelante, en el los comienzos del siglo XVII, el celebérrimo y absolutista Rey Sol, el que inventó los zapatos de tacón alto y mandó a construir el fastuoso palacio de Versalles, jamás sintió el agua sobre su cuerpo. Así que bien pudiera parodiarse su frase cumbre (“El Estado soy yo”) por “el estado de cochinada soy yo”. Pero sigamos con los que por estas tierras de las Américas estuvieron con sus malos humores.

 

Los indios, que según tantos testimonios eran gentes sanas y pulcras y limpias, sufren el tormento de las hediondeces de españoles (bueno, también llegaron portugueses, alemanes como Alfinger y Federmann, en fin), se disminuyeron a su tercera parte por tanta contaminación de procedencia europea. El ensayista, apoyado en otros investigadores, va documentando su hipótesis. Por ejemplo, al citar a López de Gómara (autor de Historia General de las Indias) sobre los indios del Darién dice que se lavaban dos o tres veces al día, para no oler a “sobaquina”.

 

“La mala ventura de las tribus americanas quiso que Colón hubiera descubierto aquellas tierras en el momento en que el viejo mundo se estaba convirtiendo en una pocilga”, dice el ensayista. El agua para muchos de los habitantes de la Europa de entonces (después también) era como un asunto diabólico, un líquido infernal. Para aquellas gentes, los piojos y otras plagas se metían en sus cuerpos. Ninguna inclinación hacia la limpieza se conoció en aquellas calendas de fetideces que, según la cultura, a lo mejor les olía muy sabroso.

 

A América, o como se llamara antes de que sus “fragantes” invasores llegaran desde lueñes latitudes, la violaron con pestes y porquerías a granel. La inmundicia que arribó de más allá del mar, destruyó a una buena cantidad de habitantes nativos limpios y que acostumbraban a bañarse hasta dos y tres veces al día. ¡Ah!, y podríamos ensayar una moraleja: los que a la calle arrojan basuras, como el parrillero del comienzo, son parte de una inconsciencia pública, de una mentalidad atrasada y puerca, derivada, quizá, de aquellos sujetos de mucha ropa encima que llegaron con la cruz y con la espada, y con sus suciedades asesinas, a contaminar la tierra que pudo ser el paraíso terrenal.

 

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29 comentarios

  1. Ester Goeta

     /  octubre 24, 2016

    Acertada respuesta al comentario del conductor que nos permitió disfrutar esta historia.

    Responder
  2. Liliam Eugenia

     /  octubre 24, 2016

    Soy Lilliam Eugenia Gómez Álvarez la hermana de Maria Piedad, Maria Ossaba, esposa de Mario OSSABA, quien dirige La Pluma dice lo que el hombre calla.

    Esa expesión son indios es tan comun y a mi me duele. Anexo trabajo que publico la Academia antioqueña de historia.

    Y en un Derecho de petición público que quiero conozca.en otro correo ya que el peso no me permite

    Saludos

    *Liliam Eugenia Gómez Álvarez, * *PhD.*

    *Eco-Etología, Ingeniera Agrónoma*

    *Teléfono móvil: 312 853 18 84, Medellín.*

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  3. Liliam Eugenia

     /  octubre 24, 2016

    El Derecho de petición. La Industria y la Andi presentaron oposición y pidiero se dijera en el Acta.

    *Liliam Eugenia Gómez Álvarez, * *PhD.*

    *Eco-Etología, Ingeniera Agrónoma*

    *Teléfono móvil: 312 853 18 84, Medellín.*

    Responder
  4. Liliam Eugenia

     /  octubre 24, 2016

    Sobre duhas y Toulette:

    Hoy me dío por escribir, ya que el articulo que me gusto mucho, me trajo recuerdos, en 1975 a comienzos del otoño, llegue de hacer mi curso de frances basico, a iniciar mi maestria, vivirria en la ciudad universitaria del Parque Granmont en Tours, cerca de la Universidad, ya todos los tramites hechos validaciones de mi carrera( hoy pregrado),estaban listos, solo tenia que asistir al curso de genética de poblaciones, que aqui no se veia, pero iniciaba mis estudios de maestria y doctorado.De los 5 años que estudie y trabaje como investigadora en el laboratorio de la Biocenotica de loa agroecosistemas, vivi, 3 en la Ciudad universitaria, nunca encontre a nadie en las duchas… a Ninguna hora pues por curiosidad pasaba a mirar, el agua era hieviente y solo para mí, en ese piso no vivian latinos.

    A los ocho dias de mi llegada a laTourena, fui llamada a la oficina del jefe de becarios, el señor me precuntaba si estaba enferma y si queria ver un médico. Yo me sentia muy ben, no entendia, pues el Señor, siguió llamando varios dias, a preguntar lo mismo, hable para contarles esto, con mi profesor director de mi trabajo y mi tutora, ella es hija de Españoles refugiados de la guerra del 35, además es una mujer encantadora, me acompaño donde el jefe de becarios y era que la consegede la Ciudad universitaria donde vivia, habia puesto la queja de que yo me bañaba diario y una veces lo habia hecho en la noche antes de acostarme, pues habiamos saliado al campo, ha recorrer un terreno, para hacer unos ensaños, regrese empantanada y me duche, como ellos dicen… explique. Mi tutora me explico, que era que consideraban un gasto de agua y que para ellos se perdia mucho tiempo.

    Años mas tarde, mi tutora comprendió que era mas prectico tomar la ducha, que hacerse la Toulette.

    Luego al tercer piso del edificio de la Ciudad universitaria,el Nª1, llego a habitar un grupo de cubanas/os y japonesas/os, esa fue la locura para la consierge:”despilfarradoras de agua, en sus estudios tienen bide, lavamanos, sanitario y todos los dias se gastan el agua de las duchas, los del cuarto piso y el primero les dan ejemplo” En el cuarto piso vivian arabes y griegos y en el primero algunos frances y alemanes.

    Ya luego me fui, pero en vacaciones que hice pasantias en Paris y otras ciudades fue igual jamás nadie en los duchas, ni en verano siquiera. El primer invierno en una excursión cientifica a los Pirineos, en la mañna todos tomaron un balde, yo tambien y los segui y fuimos en piyama al Río y vinimos con un agua, yo seguia detras, pensando si el lugar donde estamos es entapetado que sera lo que ibamos a hacer…? Espere y todos sacaron un “guante de toballa, que mojaron en el agua del balde y enjabonaban y se se fueron pasando desde la frente hasta el pie gordo de l pie, yo esperaba y hacia los mismo, luego en la misma agua lavaban el guante se quitaban el jabón y se secaban y hechaban perfune.

    Nos hubieramos metiodos al Río rapido y quedabamos mas limpios, dije. Nadie respondio, solo mi compañera de laboratorio me dijo luego el agua del Río es muy fria… y yo le respondi, con misma no nos repartimos el mugre de todo el cuerpo…? Bien, al fin al fin entendi paraque servia el “guante”, ese trocito de tela cosido donde cabia la mano, que vendian acompañando la toalla y del cual tenia ya tres guardados esperando ver que haria con ellos. Me dije entonces son asuntos culturales. Años despues en una vacaciones que vine de África donde trabajaba, llego OSSABa mareado, diciendo, no monto mas en Metro en verano, huele a pecueca… Le respondi, quien dijo que uno monta en metro en verano, Para eso estan los buses que son abiertos… Eso es verdad agrego Maria.

    Hasta pronto.Estso recuerdos me trajo tu articulo de hoy, y siesto fue en el siglo pasado y es ahora, como seria hace mas de cuatrocientos años. En Äfrica en un hotel, hoy a dos botones negros decir:” Fo huele a Blanco:..” Mi escrito es largo para públicar en comentarios y es muy personal. Pero lo comparto…

    *Liliam Eugenia Gómez Álvarez, * *PhD.*

    *Eco-Etología, Ingeniera Agrónoma*

    *Teléfono móvil: 312 853 18 84, Medellín.*

    Responder
    • Gloria Garcia-Heckman

       /  febrero 20, 2017

      Ja, ja,ja,.. gracias por compartir de tus vivencias. Ha sido un deleite!

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  5. Abrahan Celi

     /  febrero 17, 2017

    Interesante esto, felicidades por escudriñar estos temas “poco interesantes” para muchos quiza, pero importantes para quienes estamos en el mundo del conocimiento de la historia oculta con temas como estos.

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  6. Liliana Sanchez

     /  febrero 17, 2017

    Excelentes relatos..y tan ciertos!! vivo en Europa y me cuesta entender la escasa cultura del baño !! y tienen mucha buena agua y cálida!!

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    • pentecostes

       /  febrero 17, 2017

      Será en tu casa Liliana, porque te aseguro que yo vivo en Europa y me ducho todos los días: Pásate un día por cualquier barrio de Madrid, y verás que los guarros de tus compatriotas como dejan las calles y los sitios en donde se encuentran.

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    • Raul

       /  marzo 12, 2017

      No se en clase de barrio vivirás Lilinana, o con que clase de personas, pero la higiene de las personas en europa avenataja por mucho la de otrs partes del mundo…

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  7. Sara

     /  febrero 17, 2017

    Liliam Eugenia eres ignorante y negligente. Lavar el cuerpo y cabello diariamente es una agresión constante que destruye el manto de la piel y otras particularidades, volviendola vulnerable. No solo debe soportar la agresión del jabón y la esponja, también el agua, muchas veces con una composición química agresiva, sino además la toalla al secar la piel y cabello. Si decidieras no usar toalla, el agua al secarse con el aire reseca la piel. Se debe dejar al menos un día al cuerpo tranquilo entre ducha y ducha para que pueda restablecer el equilibrio. Y respecto a preferir meterte en un río sin conocerlo de nada…. que sepas que no pocas bacterias y virus hay en sus aguas, además de flora y fauna… como para arriesgarse, teniendo un balde de agua potable y un guante a mano.

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    • Juan C

       /  febrero 17, 2017

      Hay Dios mío, ahora le arman fundamento científico al desaseo…

      Responder
    • Gloria Garcia-Heckman

       /  febrero 20, 2017

      Sara? Por Dios! Llevas el nombre de mi madrina, que trabajó de enfermera en Lima, Perú y luego en Cleveland, OH, EE.UU. y era una de las personas más pulcras que he conocido en mi vida. Los cuerpos y los aceites son diferentes y no tiene que ver con la cultura, pero si con la genética. Si no no me baño e incluyo el shampoo en la cabeza cada mañana, no me despierto y ando como zombie el resto del día. Además que me siento tranquila y relajada. Adoro el agua y bendito sea que el Creador nos bendiciera con ella!

      Responder
    • Christian

       /  febrero 22, 2017

      Sencillamente tienes una mentalidad retorcida. Nuestras celulas diariamente se regeneran…. hasta los monos y gorilas se limpian y despiojan a diario. Es hasta irrisorio escucharte defender la cultura de NO BAÑO. Sencillamente es asqueroso. Vibras.

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  8. JACINTO NAVÍO REYES

     /  febrero 19, 2017

    El metro en verano es insoportable, y que decir de moros y arabes.

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  9. A mi el artículo me parece carente de todo fundamento. No soy médico y mis conocimientos sobre el tema practicamente no van más allá del uso de la aspirina. Decir que la falta de aseo de los europeos que llegaron a América era poco menos que la muerte segura para los indígenas, me parece una auténtica sandez. La población nativa américana se vió diezmada por las barbaridades que cometieron los conquistadores contra ellos – con la connivencia de la iglesia- y por enfermedades nuevas en América, para las cuales los nativos no tenían defensas. Una de las más dañinas fue el catarro, enfermedad que no tiene que ver en absoluto con la falta de higiene. Que a alguien le apeste el sobaco no le mata al vecino, aunque le aturda.

    El artículo está escrito con un absoluto desprecio hacia los europeos y en particular hacia los españoles, y abusa de los tópicos, tantas veces falsos. Al parecer, el autor es colombiano, pues bien, yo no pienso que todos los colombianos sean vagos y/o ladrones, tampoco que todos esnifen cocaína y/o fumen marihuana. Así como sí pienso que algunos son unos auténticos marranos, así como algunos europeos también.

    El señor autor, al parecer, no es indígena, sino blanco o mestizo, y habla de los conquistadores como si fueran un tema ajeno a él, pues bien, si usted es blanco o mestizo y además colombiano, seguramente fueron sus antepasados los que llegaron a América apestando y dispuestos a matar indios en nombre de una religión y del sueño del dorado.
    Seguramente, él aprendió de los indios -aunque siendo de Bello, me extraña que haya tenido mucha relación con ellos- las labores básicas de higiene. Mis antepasados nunca se movieron de España, ni vinieron a América apestando, y mucho menos a matar indios y, curiosamente de ellos, aprendimos prácticas de aseo personal que, hoy en día, cumplimos devotamente sin ser señalados por la calle ni en las redes sociales como si fuéramos unos marranos.

    Curiosamente, hoy lo único que me ha apestado ha sido éste artículo.

    Un abrazo señor… columnista?, eso sí, de recién duchado.

    Responder
    • Sr. Extre Mundo: Es un artículo escrito para divertir.

      Responder
      • Pues en mi opinión es infinitamente más difamatorio que divertido. Si a usted le parece que me rasgo las vestiduras, fíjese solamente en el carácter serio y documentado que pretende tener el artículo. No creo que el fin con el que se ha escrito tenga nada que ver con la diversión. Claro que, quizá su sentido del humor vaya en concordancia con su contenido aunque, me cuesta imaginarme a alguien disfrutando leyendo tales patrañas.

    • Carmela

       /  junio 3, 2017

      Se puede decir más alto pero no más claro. Totalmente de acuerdo. Aunque añadir que si hay algo de cierto en que en la edad media y hasta no hace mucho sólo se lavaban asiduamente los enfermos. Hoy día evidentemente no se piensa así. La chica que cuenta su anécdota de Francia, pues…la creo porque curiosamente Francia y Alemania son los países en los que suele haber menos costumbre de baño diario
      Yo he vivido en Suiza y tampoco suelen practicarlo, pero también tengamos en cuenta que el clima influye en el aseo y lo hace más o menos necesario. Así países más cálidos necesitan de una higiene más frecuente.
      Por otro lado también una de las teorías ( ya que no se sabe con seguridad) del origen de la sífilis es que la trajo Colón de América, así que el intercambio de “efluvios” fue mutuo

      Responder
      • Me alegra leer un comentario mínimamente sensato en este artículo de desinformación tan desafortunado. Tienes toda la razón, se compartió mucho efluvio por aquel entonces y fue un choque entre dos mundos, no un encuentro, con desastrosas consecuencias para muchos de los pueblos de América.
        En cuanto al tema del aseo personal, como tu mencionas, el clima influye, y no solamente en Suiza, sino también en la región andina. Durante unos meses he recorrido los Andes colombianos, ecuatorianos y peruanos, y por lo que pude ver allí, la gente no se baña de arriba abajo a diario, ni muuuuucho menos. Esto último, es totalmente comprensible, ya que las condiciones en algunos lugares, no son las mejores para hacerlo sin quedarte congelado. Es más, algunos individuos rozaban la insalubridad y, cada vez que veía a uno de ellos -que fueron más que menos-, me acordaba del autor de la columna y de su ascendencia más cercana con muy poco cariño, y me preguntaba: ¿este personaje de prensa canallesca, cómo es posible que viva de lo que escribe? ¿Cuál es la catadura moral de quien le da trabajo? Y me afirmaba: vaya nivel cultural y crítico que tienen los colombianos si este tipo escribe en un diario de tirada nacional!!! o ¿será que los colombianos no tienen comprensión lectora?
        Pero no se debe generalizar, ni todos los europeos son unos cerdos, ni todos los americanos van aseados, ni, como mencioné en mi respuesta a este artículo, todos los colombianos son ladrones, cocainómanos y marihuaneros. No se debe generalizar, mucho menos tomando una referencia de hace quinientos años.

  10. Es triste los comentarios, si verdad llego a america los peor de las tropas, afirmar estas cosas no es cortes. Por cierto la jerarquia indigena solo tenia acceso al buen vestir, aromas y baños… en si igual que en otros continentes… Desde luego utilizar “Indio” para categorizar a una persona k actua mal es mucho mas k una bajesa ..

    Responder
  11. Mis parientes italianos no se bañan hasta que apestan lo suficiente 😂

    Responder
  12. eduardo

     /  febrero 20, 2017

    Solo puedo decir al respecto que si bien no debe ser asi tal cual por lo menos existe un alto grado de verdad, recuerdo que a principio y mediados de los 80 cuando todia era muy numerosa la colonia Europea la gran mayoria olia muy mal y los criollos no dejaban que se les acercaran mucho porque hasta el aliento era muy desagradable.

    Responder
  13. Excelente artículo, aunque muy cachondo.

    Responder
  14. Jose Jimenez

     /  febrero 20, 2017

    Es bueno que lea o mejor ver en youtube el dicurso del jefe indio de Seatle, donde un salvaje ( lo dice el jefe indio) describe como viven los blancos y su mal hedor, esa es una clara descripcion de los blanquitos. Dense el gusto de ver en youtube ese video, recomiendo uno que aparece una carreta y un hombre delante. A gozar con el jefe indio de Seatle.

    Responder
  15. Me gustó en general el artículo. Efectivamente las pestes traídas por los “conquistadores” (españoles, portugueses, franceses, etc., etc.) y que siguen llegando a América, acabaron con muchas culturas precolombinas. No me imagino a qué olerían aquellos, si los de su misma nacionalidad, años después, tuvieron el tino de hacer hincapié en varios libros de crónicas sobre el particular hedor nauseabundo que despedían. He aquí algunas citas de varios libros antiguos al respecto:
    http://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?t_item=4&id_item=10591&id_filter=425
    http://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?t_item=4&id_item=5000&id_filter=194
    http://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?t_item=4&id_item=3615&id_filter=607

    Responder
  16. Este relato es discriminatorio

    Responder
  17. jose de jesus zapata rivera

     /  febrero 24, 2017

    Los Europeos son sucios,resucios con algunas muy pocas exepciones, no me atrevo hablar de porcentages, yo soy obrero de la construccion y conozco a fondo el tema de limpieza de los Europeos, Españoles,Portugueses, Franceses, Belgas,Suizos, Holandeses,Ingleses.etc. Sin meter en este cuento,Magrevinos, Rumanos,Rusos,Gitanos.
    Para ellos no és interesante estar limpios ni és una prioridad,como tanpoco cambiarse de ropa cada semana, fuman como locos, cuando hablan hay que apartarse por que es inaguantable el mal aliento, cuando se quitan los zapatos ,parace mas bien que una murriña esta cerca,levantan el brazo y el grafo no se hace esperar,en términos generales son SUCIOS.
    Trabajan con una muda de ropa no se cuantas semanas, y no la lavan huelen a cueva de oso,si a todo ésto le agregamos el cigarrillo,se vuelven insoportables, que bueno si para evitar tanta diferencia entre sucios y quienes nos gusta el baño, RESPETARAN los sucios a los limpios.

    Responder
  18. leer una columna tan acertada da gusto, ya que el “blanquito” siempre se quiere dar baños de pureza, a tal grado que lo blanco es puro y lo negro es sucio en divinidad, que mentes tan mas retrógradas las de mis hermanos europeos, en especial la de los “gachipines”.

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