El papa a través de los binóculos *

(Luces, sirenas y banderas saludaron a Juan Pablo II en el parque de Berrío)

 

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Por Reinaldo Spitaletta

Mientras al papa Juan Pablo II le regalaban carriel, sombrero y poncho antioqueños, en el parque de Berrío una señora defendía una Virgen que portaba bajo el brazo, aprisionada como un tesoro. Ella, en la primera fila, separada solo por un lazo de manila de la calle, quería que el pontífice le diera su bendición, cuando pasara por allí, en su papamóvil.

 

Al mismo tiempo, en los ojos cafés de María Clara Aristizábal, una niña de ocho años, las luces artificiales del “corazón de Medellín” se encendían con su fosforescencia de mercurio. “Mi tía dice que si le logra tocar la mano al papa, se va a paralizar. Además dice que no se la lavaría en un mes”, dice la niña. Y luego, con una sonrisa de muchachita rica, afirma: “Claro que mi tía es medio loquita”.

 

Desde lo alto de un edificio adyacente, el parque de Berrío se ve igual. Solo que una multitud que hormiguea como cuando se pierde la señal de TV en las pantallas, le da un toque distinto. Algo extraordinario va a ocurrir. Una voz grita: “¡Ya viene el papa!”. El concierto informe de cabezas se mueve. Se agita. Empuja. Policías que corren. Alguien se desmaya. Falsa alarma. El papa no aparece. Arriba, en el edificio, María Clara sigue mirando. “¿Cuándo vendrá?”, se pregunta.

 

Entre tanto, Ana Cristina Aristizábal, otra niña, hermana de la anterior y mayor que esta, observa una pancarta que, colgada de un balcón, dice: “Totus Tuus”. Y entonces, me pregunta: “¿Usted sabe  que quiere decir eso?”. Le contesto que no. Y ella, con su sabiduría de Columbos  School, replica: “Eso significa ‘todo tuyo’. Mi abuelito me lo enseñó en estos días”. Él es como una enciclopedia. Y me enseña muchas cosas”.

 

A lo lejos, la multitud vuelve a moverse. Los policías tratan de ordenar la gente. Tres niñas son sacadas de la turbamulta por los agentes. Las protegen. Más allá, una señora carga a un bebé, mientras sostiene con una de sus manos a un niño. Un policía se le acera y, tras decirle algunas palabras, la convence para que se aleje de allí. Corrían peligro.

 

En lo alto del mismo edificio, algunos “privilegiados” observan con binóculos. Quieren ver al papa cerca de sus ojos. Una gringa de Massachusetts, con apellido italiano y nombre español (Cristina Casale), dice, en un castellano incipiente: “Tengo mucha suerte de estar ahora en Medellín en la visita del papa”.

 

Abajo, los vendedores ambulantes siguen gritando: “¡Papavisores a doscientos cincuenta!”, al tiempo que la multitud crece, como un turbión, como una borrasca furiosa. “¡Ya viene el papa, ya viene!”. El grito aumenta. La vocinglería es mayor que cuando un estadio lleno canta un gol. Más desmayos. Por la avenida Colombia, la serpiente humana engorda, se estira, enloquece. Las sirenas abren el camino. Los pañuelos y las banderas ondean, como un saludo de pájaros al vuelo. Ahí está. Ha venido. Y ya pasa. El pontífice lanza bendiciones, mientras algunos policías reparten bolillazos. Las tres niñas se quedan quietas. Nadie las empuja. Sobreviven. Las sirenas no callan. Y el papamóvil sigue su camino, rumbo a la Catedral Metropolitana.

 

Antes del clímax, en el parque de Berrío, alguien había dicho: “Tenemos que hacer fuerza mental para que el papa mire para acá”. Cuando Juan Pablo pasó por el frente del sitio donde los aprendices de asuntos esotéricos estaban, no los miró. Frustración.

 

Las sirenas se escuchan distantes. La feligresía, en cantidad incalculable, se disgrega. El pastor se ha ido. Ya no están María Clara ni Ana Cristina, ni sus ojos de niñas inteligentes. La gente corre, pisotea, se mueve en zigzag, hormiguea. Entre la muchedumbre, debe estar una señora, con una Virgen bajo el brazo, con una cartera ordinaria bajo el otro. Debe ser feliz. Aunque el papa, a su paso por el parque de Berrío, no le haya podido bendecir la imagen de María.

 

*(Nota escrita por la visita de Juan Pablo II a Medellín y su paso veloz por el parque de Berrío. El Colombiano, julio 5 de 1986)

 

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Avenida Colombia, Medellín.

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