Rubén, el filósofo de la barbera

Nota: El pasado 26 de enero de 2018, murió el barbero y amigo Rubén Orozco, a los 83 años. Famoso durante mucho tiempo en Ayacucho, por su conversación amena y sus apreciaciones sobre filosofía y esoterismo, Lindbergh, como también se le conoció, se volvió un personaje del barrio Buenos Aires de Medellín. Reproduzco una breve nota que le hice en febrero de 1989. Honor a su memoria.

Rubén Orozco H.

 

Por Reinaldo Spitaletta

 

El hombre se paró en el altar y comenzó a emitir improperios contra los sacerdotes. “¡Ustedes son unos fariseos, unos explotadores!”, le gritaba el desaforado feligrés al cura que oficiaba la misa, en medio del desconcierto y sorpresa del rebaño de fieles. La policía apareció minutos después y se llevó al presunto “loco”.

 

Un médico diagnosticó “locura mística” y ordenó que el hombre fuera internado en el manicomio, durante tres meses. A los tres días, salió del hospital mental, tras “encarretar” con mentiras al doctor. Rubén Orozco, protagonista de esta aventura psíquica, es un veterano barbero de 53 años, lector de filosofía y literatura, conversador incansable, melómano, sin partido político ni religión, “aunque soy profundamente religioso”.

 

Desde los 13 años de edad, el pereirano Orozco se dedica al arte de las barberas y las tijeras. En el barrio Buenos Aires de Medellín tiene su fuente de trabajo, llamada durante muchos años Barbería Lindbergh, en honor a la memoria del famoso aviador norteamericano. “Tuve que quitarle ese nombre, porque todo el mundo me decía Lindbergh. Estaba perdiendo el mío. Entonces la bauticé Rubén”, dice el hombre de cara redonda, gafas y cabello ondulado, salpicado de canas.

 

Rubén es el típico caso del barbero culto, amador de músicas y de hojas de libros, que aprendió en ese oficio a “ser tolerante con el ignorante, saber intercambiar mentiras con el hipócrita y ser auténtico con el filósofo”, según sus palabras. En la barbería, además de los instrumentos propios de su trabajo, tiene un cuadrito original de Eladio Pizarro que muestra a don Quijote motilando a Sancho, y reproducciones de acuarelas de Emiro Botero.

 

Autodidacta, Rubén es devoto lector de Jaspers, Kierkegaard, Heidegger, Sartre y Fernando González. “También me gustan Vargas Vila, Gonzalo Arango y Rafael Pombo”, declara con una voz de profundas sonoridades. “Hubo una época en que leí mucho existencialismo y a autores orientales de esoterismo”.

 

Para Rubén Orozco el barbero clásico es aquel que hace el corte de acuerdo con la forma de la cabeza y cara del cliente. En su barbería, junto a un espejo, un avisito anuncia que “se hace el auténtico corte Tyson y Barakus”. Y para tener éxito con la gente hay que llevarle la corriente. “Me toca pasar por liberal, conservador, comunista, hincha del DIM…”, dice.

 

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En el fondo de su barbería (que queda en su casa), en Ayacucho entre Alemania y Suiza, tiene un sitio especial para tertulias y audiciones. Allá van sus amigos músicos, como Pedro Nel Arango, Delio Hoyos, Ruth Marulanda, José Jota Jaramillo, Rafael Ortiz, Ramón Hernández; también filósofos y pintores y trovadores y profesores universitarios. Rubén, admirador de Gardel, tiene 700 grabaciones del Zorzal Criollo y dos canciones inéditas de Pepe Aguirre, grabadas una noche de bohemia en la que, el cantor chileno, visitó la barbería. Ambos eran amigos.

 

Rubén o Lindbergh, que sostiene que “no se miran las cosas, sino el alma de ellas”, conserva con especial agrado una dedicatoria del maestro Emiro Botero: “Para mi estimado amigo Rubén Orozco, quien tiene en su barbería el mejor sitio de reunión para la gente que piensa”.

 

El filósofo de la barbera y las espumas, de las badanas y la piedra de alumbre, cultivador de pepinos gigantes en el solar de su casa, dice que “la creencia conduce a la demencia, cuando se fanatiza”. Él —“siempre he estado cuerdo”— afirma que cuando cayó en ese aparente estado de locura, lo que sucedió, en realidad, fue el encuentro con la verdad. “Todo lo veo innominado e insondable, la verdad va por dentro”.

 

(febrero 27 de 1989, El Colombiano, segunda parte de la serie Barbas y Espumas, sobre barberos de Medellín)

 

NB: En mi libro Oficios y Oficiantes (Editorial UPB) también incluí una crónica titulada El barbero de las locas lecturas, sobre Rubén y su barbería.

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1 comentario

  1. Rafael Gomez

     /  febrero 10, 2018

    conoci a Ruben a mediados de los 70 cuando estudiaba antropologia en la UdeA, Lo vi la ultima vez a finales de Nov. cuando viaje de Cartago a Medellin al 50 aniversario de mi hermano Fabio y Sonia. Alli en la celebracion nos saludamos y conversamos con su buen animo de siempre. Paz en su tumba….Rafael Gomez

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