Terapias a punta de tango

(“Hasta siempre, amor” tiene su poder sanador en casos de rupturas sentimentales)

 

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Por Reinaldo Spitaletta

 

Hace tiempos, y más como una actividad solidaria y medio romanticona, tuve una suerte de consultorio ambulante para mujeres y hombres, conocidos míos, eso sí, que estuvieran en el trance y situación dificultosa de haberse separado de su pareja. Y la terapia consistía en poner a sonar algún tango apropiado para el efecto, en torno a unos vinos bien conversados.

 

Después de haber ensayado con ciertos tangos, el que mejor efecto surtió fue Hasta siempre amor, con letra de Federico Silva y música de Donato Racciatti, ambos uruguayos. En una época, en que yo era apenas un mozalbete y vivía en algunos barrios de Bello, tal composición la “molían” en las cantinas, día y noche. Sonaba en abundancia en Cuesta Abajo, en el Viejo Café, en el Torrente, el Rialto y otros bares de la vieja guardia.

 

Así que, lo quisiera o no, tal pieza estaba incorporada en mi educación sentimental. La llevaba puesta. Por ósmosis. Y de aquellos tiempos, la más sonada era la versión de Jorge Valdés con la orquesta de Juan D’Arienzo. Después, se oyeron muchas otras, bien interpretadas: “Hasta siempre, amor; / pasarás de otro brazo / y dolerá el fracaso / igual que hoy”.

 

Este era, o es, un tango que se queda. Que penetra en la piel y busca entrada en el corazón. No da tregua. Es directo y plantea, sin excesos dramáticos, una realidad posible. “Hasta siempre, amor, / corazón como el mío, / que compartió tu hastío, / no encontrarás”. Y, pese a todo, tiene en el narrador una especie de poder, de certeza, que puede ser vista como una manera de la “sobradez”.

 

Hay otros temas que pudieran tener posibilidades terapéuticas (aunque, en esencia, hay abundancia de gotanes “antiterapéuticos”), pero podrían tener un final fatal, como Afiches (“si están tus cosas, pero tú no estás…”); o esperanzadores como Por la vuelta (“¿Te acuerdas? Hace justo un año / nos separamos sin un llanto. / Ninguna escena, ningún daño”). O como Gricel (“Y hoy que vivo enloquecido / porque no te olvidé / ni te acuerdas de mí… / ¡Gricel! ¡Gricel!).

 

Así que el de don Federico siempre me pareció muy ajustado para quitar penas y dar una nueva visión del mundo al recién separado: “Y entre la gente buscarás / la mano amiga que te di / y sólo así comprenderás / que por quererte te perdí”. Casi siempre el “paciente” rompía en llantos. Buscaba beber rápido el vino. Ocultaba su rostro con las manos, pero, al rato, estaba sin tensiones, muy dispuesto a comenzar una nueva vida.

 

Ensayé con versiones de Racciatti con Olga Delgrossi; de Carlos Di Sarli con Horacio Casares; la de Fulvio Salamanca con la voz de Armando Guerrico; la de Carlos Figari con la interpretación vocal de Enrique Dumas, y la de Ranko Fujisawa. Pero, pese a la calidad de estas, la que mejor funcionó fue la de Valdez.

 

“Hasta siempre, amor, / cuando sueñes conmigo / en las noches de frío / ya no estaré”. En esta parte, ya los sollozos eran incontenibles. Había palpitaciones. Suspiros entrecortados. Lagrimones. Pero, qué cosa, también empezaba a dibujarse en el adolorido “paciente” una sonrisa de expectativa. Como si viera el mundo de otra manera. “Y no me llames, si me ves / a mí también con otro amor, / porque es inútil esperar / si la esperanza ya murió”.

 

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En las afueras de un barcito, en la Plaza de la Madre, en Bello, mientras iba sonando el tema, una señora a la que yo le explicaba que todo saldría bien, se desahogaba con la letra. Sentía que estaba reviviendo. Que el mundo no terminaba con una separación, con un adiós forzoso (“en la tarde que en sombras se moría / buenamente nos dimos el adiós…”). Y de pronto, había hecho la catarsis. Ya no lloraría más por el otro. Y, en cambio, comenzaría una nueva vida. Eso dijo.

 

Tal vez, el más duro para la “curación” fue un señor que veía cómo su amada muchacha, a la que él le llevaba por lo menos trece años, se había ido con otro. Y para él aquella desventura era como una suerte de fin del mundo. Un apocalipsis en sus sentimientos, en su dignidad. “Tranquilo, viejo, tranquilo, y al final primero vos”, decía en alguna parte la gran Tita Merello.

 

Entonces, en la sala de mi casa, con vino y vituallas, le puse varias veces la misma versión. De pronto, quizá después de la quinta repetición, el hombre comenzó a sonreír. Vio luz en la poterna. El abismo que se abría a sus pies ya no era tan pronunciado. Lloró y se desahogó. Quedó livianito. El tango hizo su curación. “Y dolerá el fracaso / igual, igual que hoy”.

 

Después, para matizar, le hice sonar otro tango, también con letra de Silva (y música de Roberto Rufino): Es otoño lo sé. Era como el postre. “Es otoño lo sé y ayer cuando partiste / el otoño también, también lo sé. / Mirá que hermosa manera de quererse, / poder decir adiós, sólo una vez”.

 

Eran, sin duda, experiencias lindas. En las que había que seleccionar músicas que tuvieran, como pasa con la lectura, un poder remediador. Además, se disfrutaba el vino y se hacía una labor humanitaria. “Es otoño lo sé y ahora que ya es tarde, / es tarde otra vez te esperaré. / Pesan los años, los sueños rotos pesan, /pero has de volver y aquí estaré”.

 

Claro que aquella muchacha —que yo sepa— nunca volvió a estar con el señor de marras. Y él, ya adquirida la serenidad, la olvidó. Hasta siempre, amor.

 

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“Y dolerá el fracaso, igual igual que hoy…”

 

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3 comentarios

  1. renandarío

     /  febrero 25, 2018

    Y en Guayaco,tal vez el Gran Premio de la Catarsis Colectiva, tendría que distribuirse entre tantos que alcanzaría hasta para Ernestito Fama, quien hizo honor a su apellido ahorrándonos tanto acomedido siquiatra; y quien dice vos, hasta un un grave apolillamiento entre esos murallones del manicomio de Aranjuez… sobraban candidatos vos, hasta en los días de pago… gastando el mismo con los cómplices de abordo… sabés vos? y,,,hoy recuerdo desde Nuyork a la endina…y también la otra:”Flaca, con tres cuartos de cogote… bajo la nuez…”

    Responder
  2. Gaston Patino

     /  febrero 26, 2018

    Apreciado y leído Reinaldo: De antemano perdón por el atrevimiento de llamarle Reinaldo, pero los escritores , si nos llenan, se vuelven nuestros amigos, y eso ha pasado desde que en2011 leí y he releído “ BARRIO QUE FUISTE Y SERAS “. He seguido sus crónicas y su especial “ debilidad “ ( como la mía ) por el tango. Le hago llegar “LA ULTIMA CARTA DE GARDEL” que conservo y sobre la cual he publicado algunas notas .

    Con un afectuoso saludo. Gastón Patiño Mattos. Arquitecto

    Responder
  3. Gaston Patino

     /  febrero 26, 2018

    Mas referencias a la “ULTIMA CARDE DE GARDEL ” Gardelianos del alma by Libros y Letras 3 AÑOS HACE 1 MINUTEREAD Estimados Gardelianos:

    Acab​o de iniciar una nueva sección en el blog, dedicada a “Gardel en la Poesía”, que inauguro con un soneto de Luis Ángel Formento, unas décimas de Mario Rojman -ambas inéditas-, y una poesía lunfarda de Mario Jorge De Lellis

    Por su parte, la sección “Ediciones Digitales”​ se ha visto enriquecida con la colaboración del Arq. Gastón Patiño Mattos “Carlos Gardel. Mito y Tango”, que incluye la poco difundida imagen de la última carta de Gardel, fechada en Bogotá el 21 de junio de 1935

    Además los invito a una nueva edición de “Unos Mates con Gardel”, el sábado a las 17:00 (hora argentina) en F.M. Del Pueblo, 104.1 MHz, para continuar deleitándonos con las últimas grabaciones de ​1932 y comenzar a recorrer 1933, último año del Cantor en nuestro país. El libro elegido para esta oportunidad es “Gardel y la patria del mito”, de Pedro Orgambide (Ed. Ómnibus,1985), un trabajo sociológico de fundamental importancia en toda biblioteca gardeliana.

    En tanto, en el ciclo televisivo que el Canal 5 de Azul – La TV Libre emite los martes a las 22:00 (con reiteración los sábados a las 23:00) proyectaremos “El Día que Maradona conoció a Gardel” (1995) dirigida por Rodolfo Pagliere y protagonizada por Alejandro Dolina, “el Diego”, Esther Goris, y Ángel Rico en el papel del Cantor.

    Por último, la invitación a fortalecer este diálogo a través de la fanpage y el grupo de Facebook, Twitter, Linkedin, Google + o Viadeo ( esta última configurada en lengua francesa) o suscribiéndose a Youtube para recibir las actualizaciones en su casilla de correo.

    Si desea recibir las actualizaciones de los blogs en forma automática, puede suscribirse según sus intereses al Blog Principal, al de Libros de Gardel, al de Películas, al de Filatelia o al dedicado a mis Actividades personales. Si bien se trata de blogs independientes, se interrelacionan por su contenido, diseño y gadgets compartidos. Para facilitar las consultas se recomienda visitar el índice.

    Agradeciéndoles la atención dispensada,

    Ana Turon

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