Un dragón

Por Reinaldo Spitaletta

 

-¡Niños, niños, su atención por favor!, gritó el papá del anfitrión, seria la cara y definitivo en su voz.

La algarabía era tremenda en el primer piso. Casi todo el salón de preescolar invitado por el hijo, que se unía al coro desafinado y contento, vociferaba.

-Muchachos, no vayan a subir al segundo piso, que hay un dragón. -Agregó el papá, buscando una redención a su fastidio y una intimidación.

-¡Un dragón, un dragón! ¡Un dragón!

La desbandada no se hizo esperar. Todos, en medio de una gozosa curiosidad, curiosidad de estrépito, corrieron escaleras arriba.

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