Una lagartija lectora

 

Por Reinaldo Spitaletta

 

 

Lagartija de rayas, langaruta y lóbrega, lánguida lagartija de mis muros y baldosas, leés en mi biblioteca de toda la pared y lamés con tu luenga lengua, rápida y certera, los lomos de Don Quijote y de Alicia en el país de las maravillas. Lagartija (linda si estoy de buen humor) lagartijita-lagartijita (lagartijota hijueputota, si me cogés bravucón), no puedo vivir sin vos. Sos parte de mi doméstico paisaje y quizá por eso en este momento lloro tu herida: ¿quién te cercenó la cola? ¿Dónde andará ese apéndice sin tu cuerpo mutilado? tal vez se estará metamorfoseando en una nueva lagartija, que vendrá impasible a acabar con los mosquitos, hormigas y zancudos que se pasean por dentro de mis ojos viejos con retina agujereada.

 

Lagartija rayada: ¿acaso morirás por haberte quedado sin aquello que armonizaba tu figura? Si así fuera, te meteré entre un libro gordo para que sirvás de separador y de ilustración natural de doble página,  que llevará impreso tu nombre, con una leyenda imaginaria al pie de la letra: “lagartija lectora busca su cola”.

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